Caprichos alimentarios de los padres, malos hábitos para los niños

 

La clave para la buena educación alimentaria de los niños es no ajustar su dieta según los gustos propios para no correr el riesgo de contagiar malos hábitos

         Incluir alimentos o preparaciones nuevas en la dieta de los niños es básico pero difícil y, para lograr el éxito, se aconseja hacer hasta muchos intentos sin desfallecer con cada alimento sin pensar de antemano la posibilidad de omitirlo. Pero sobre todo, es clave no dejarse guiar por los gustos propios de los padres y correr el riesgo de contagiar malos hábitos. La resistencia de los más pequeños a probar sabores y texturas nuevas es normal. No siempre se quiere abandonar lo conocido y no siempre la primera vez que se prueba un nuevo alimento gusta. Además, el primer año de vida, cuando se comienza a ampliar el menú, también es el momento en que el apetito se reduce, puesto que los requerimientos nutritivos son menores. Son meses delicados pero muy importantes, cuyo éxito dependerá en gran medida de los progenitores. A los tres años, se deberá haber expuesto al niño a la gran mayoría de alimentos.

El momento de enseñar puede aprovecharse por los padres para reaprender

         Tener que plantearse la alimentación infantil es una ocasión para reflexionar sobre el menú de los adultos. Se debe tener presente que hay que estar dispuesto a cuestionarse gustos y manías. Conforme se crece, se adoptan hábitos y se reafirman caprichos. Cuando se es padre, además, esas pautas son ejemplarizantes, por lo que se debe estar atento. Omitir el desayuno o solo consumir pan dulce con café es una de las peores lecciones que puede recibir un hijo.

Por el contrario, si se comparte una pieza de fruta, se comparte las tareas de preparar los alimentos o poner la mesa se refuerza le la teoría de los vasos comunicantes: lo que es bueno para mí, lo es para ti. Lo mismo ocurre con la cena; si el niño ve que sus padres se sientan en la mesa y conforman la última comida con una ración de verdura, una ración de cereales (arroz, pasta, elote) y, si hiciera falta, una porción de proteína (huevo, queso, pescado) o leguminosas (frijoles, lentejas, guisantes), terminado con una pieza de fruta, así actuará él mismo.

Acciones que refuerzan: de manera positiva o todo lo contrario!!!

         Hay fórmulas que refuerzan el objetivo de enseñar a comer. Si se es consciente de que las leguminosas deben estar presentes en la alimentación familiar, se puede recurrir a diferentes combinaciones, pero jamás renunciar a ellas. Los garbanzos pueden acompañar a la sopa, las lentejas estar mezcladas con arroz, los frijoles rojos o negros decorados con jamón y las blancas con verduras, pero nunca hay razón para que desaparezcan de la mesa. Igual sucede con las verduras. Si es necesario, se pueden combinar con sofrito, queso, jamón, sudados, con crema o hasta un toque de margarina o salsa blanca.

Con las frutas además de elegir las mejores, más sabrosas y de temporada, hay que insistir en que son sabrosas y concebirlas como un aperitivo goloso. Tampoco conviene azucarar el yogur para que sepa más rico, ya que así solo se logra engañar por un rato o en un momento. Nunca hay que juzgar el alimento y menos adjetivarlo de manera negativa. Esto se aprovechará para rechazar este u otros.

Un buen comensal

         Es un sueño posible lograr que un niño coma de todo. Incluso es posible reeducar a un mal comedor y convertirle en bueno. Pero no es fácil. Es necesario esforzarse, requiere tiempo y tolerancia. Más vale no prohibir alimentos insanos y hacer hueco a los sanos. Si se rechazan algunos de manera sistemática, de nada sirven los gritos, los enfados o los castigos. Hay que tener coherencia y los padres han de comer lo mismo que se da al niño. Si no se consigue, se retira el plato una vez finalizado el tiempo acordado y se le presenta en la próxima comida.

No tiene sentido chantajear, “comprar” o castigar al niño para conseguir que coma. Los niños que comen menos en una comida, a menudo, lo compensan al comer más en la siguiente. Así se convencen de que alimentarse como se debe es una obligación. Guste o no guste.

Adaptado de:

http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/infancia_y_adolescencia/2011/10/20/203953.php

http://aula2.elmundo.es/aula/laminas/lamina1069326514.pdf